14 de marzo de 2012

RESISTENCIA A VIEJAS DOMINACIONES

RESISTENCIA A VIEJAS DOMINACIONES
Mujeres ngäbes, el nuevo rostro de las luchas sociales
Foto: Elieser Oses/La Estrella












Son el mundo femenino, la cara íntima y no por ello menos verdadera e importante del ser real de Panamá

Por: URANIA UNGO


2012-03-11 — 12DAMAS./ La representación de la mujer ngäbe ha tenido protagonismo en los últimos días y las personas han comenzado a respetar a las originarias de la comarca cuando se han mantenido por sus derechos. :00:00 AM — El rostro de Silvia Carrera, la actual cacica Ngäbe-Buglé, da cuenta de una de las contradicciones más impactantes del Panamá de hoy. Hasta el nombre se siente inseguro, ‘cacica’. Pero ¿ha habido alguna vez algo semejante? Son innumerables rostros femeninos, visibles en las actuales manifestaciones de los ngäbe-buglé: presentes, activas, protagónicas, casi desmienten las usuales representaciones que de ellas tenemos. Sin embargo, el pequeño país sigue acumulando contradicciones: es el de más alto crecimiento, pero es también el segundo más inequitativo de nuestra América. Es de los más ‘‘globalizados’’ de la región, también el de la más baja representación de mujeres en el parlamento. Dicho en breve, Panamá es un país con muchos países dentro, un contradictorio y agudo espejo tercermundista del más sofisticado capitalismo global.


AMALGAMA Y CONTRADICCIONES

Atravesado por una historia compleja, plena de contradicciones y ambigüedades, es histórico que la actual amalgama que somos contiene una rara fusión étnica y cultural, lo que por supuesto no ha impedido diversas y no muy disimuladas formas de racismo, en particular contra los grupos afrodescendientes y contra los pueblos originarios, lo que hace válido cuestionarse hasta dónde llega la conciencia no subordinada de nuestro particular mestizaje.

Es importante mencionar que los cambios dados en nuestra sociedad en los últimos años post invasión son muy grandes y de toda índole, sin embargo perviven incontables discriminaciones, exclusiones y marginalizaciones.

Contiguo al gran crecimiento económico, a las multimillonarias inversiones extranjeras, bancos y negocios de altas finanzas, de grandes proyectos que hoy se desarrollan, crece la pobreza y la exclusión y como ninguna otra la pobreza y la exclusión de nuestra población indígena.

Es decidor que, según el Tercer Informe de Panamá de Objetivos del Milenio 2009, en tanto paulatinamente baja la pobreza general, la población de los grupos indígenas ‘con carencias más agudas presenta avances menores’. Y aunque existen debates sobre las cifras actuales, la vida de los grupos indígenas del país es el testimonio del carácter excluyente de nuestro modo de organización social.

Si se enfoca la visión sobre las mujeres indígenas de todas las etnias del país, se obtiene el siguiente dato: las mujeres rurales e indígenas comparten toda la carga histórica ya mencionada: desigualdad, pobreza, exclusión, y en particular padecen de altos niveles de analfabetismo, se (¿las?) casan a edades muy tempranas, cuando tienen apenas 12 a 13 años —los ngäbe son polígamos—, son madres de numerosos hijos (5 sobre 2.68 hijos por mujer, tasa nacional ENASSER), están mayoritariamente ausentes del mundo del trabajo remunerado y evidencian una mucho menor participación y organización social y política. Son víctimas de una elevada tasa de violencia fundada en el género, pues sobre ellas y sus pequeñas/os descargan los hombres su frustración humana, laboral y existencial. Sobre ellas recae no sólo toda la desigual organización del mundo público sino la brutalidad patriarcal de la organización del mundo de lo privado.

ENTRE ‘NUEVAS’ POLÍTICAS Y VIEJAS TRADICIONES

Los ngäbe denuncian con su acción crítica, política, defensiva y acusatoria en las calles cada día, que el existir hoy ya es un triunfo. A lo sumo necesitarían una efectiva y comprometida solidaridad con sus vidas, a las que la modernidad, el progreso y la globalización traen una desgracia tras otra. En segundo término, no nos deslicemos subrepticiamente en la actitud colonialista que asume nuestra mirada al constituirlos y al definirlos a priori: bastante tienen ya con las visiones que los ‘construyen’ como indios desde los discursos de la desigualdad, la ‘otredad’ y la marginalización.

Es importante destacar que los últimos gobiernos de Panamá han hecho de la acción contra la pobreza y la pobreza extrema la principal de sus políticas sociales. Persiste en las áreas rurales indígenas, donde ‘casi la totalidad de sus habitantes es pobre (98.4%) y en pobreza extrema se encuentra el 90% de los pobladores’.

En las ‘estrategias’ de lucha contra la pobreza los ‘lineamientos’ de política social se concentran en proyectos de desarrollo comunitario en los cuales se reproduce la paradójica situación de las mujeres en el sistema político: presentes en los procesos de movilización en pro de mejoras a la calidad de vida de las comunidades y las familias, pero ausentes en los procesos de la política formal y de la gestión y administración de los recursos, que se han obtenido por su movilización.

Particularmente para las zonas indígenas y los sectores rurales pobres donde se diseñaron, al igual que en todos los proyectos compensatorios y focalizados en las comunidades más empobrecidas y que tienen como agentes fundamentales a las mujeres, la pregunta es: ¿las mujeres pobres, indígenas y rurales se han convertido en protagonistas reconocidas por el Estado en toda su plenitud vital, existencial y ciudadana?

Dicho en breve, la Red de Oportunidades, componente del Sistema de Protección Social (SPS) del MIDES, consiste, según el Gabinete Social, en lo siguiente: ‘aliviar de manera directa, temporal e integral, las necesidades inmediatas de las familias en pobreza extrema... articula los recursos disponibles del Estado, dirigidos a reducir la pobreza… mediante una estrategia integral de acompañamiento, basada en mecanismos científicos de selección, seguimiento y evaluación’.

El SPS ha sido, pues, la acción más importante para la meta gubernamental de combatir la pobreza extrema y las mujeres indígenas y rurales son su sujeto – ¿objeto?- principal. Se caracteriza porque entrega la transferencia a las madres, que deben asumir las llamadas ‘corresponsabilidades’. Dichas políticas, centradas en la vigilancia femenina en tanto ‘‘principales’’ responsables del bienestar familiar han significado más trabajo: ¿también más poder para las mujeres? Casi nunca más trabajo implica poder (autonomía, libertad, igualdad social), como siempre ha sido para las mujeres, rurales e indígenas, de por sí tradicionalmente recargadas de tareas.

DOS VISIONES DEL MUNDO

En la precariedad, sin una visión enfocada sobre sus derechos humanos se hace de la dimensión comunitaria una especie de ‘campo doméstico ampliado’, al cuidado de las mujeres, que las sigue vinculando con los aparatos formales de representación política y con las instituciones, mediadas por su posición en la familia. ¿Ello potencia su autopercepción y su ciudadanía? ¿Esto las hace devenir ‘protagonistas’ del ‘‘desarrollo social’’? Es esto lo nuevo que vemos en las imágenes de las movilizadas mujeres ngäbe?

En la actual lucha del pueblo ngäbe es evidente que se trata no sólo de dos visiones del desarrollo sino de dos visiones del mundo distintas, como testimonian sus discursos que ponen en cuestión la visión que normaliza la coexistencia del hiperconsumo y de la supermiseria. Su acción visibiliza los límites de la ‘democracia’ y la carencia de una ciudadanía realmente substantiva para todos. Hace evidente que las actuales políticas públicas coexisten con la casi total incapacidad del Estado de proteger los derechos ya adquiridos por la población. Cuestiona de hecho nuestra visión de lo que es ‘‘normal’’ y ‘‘deseable’’.

La masiva presencia y liderazgo de las mujeres ngäbe enuncia fracturas importantes de su ser social y cultural, indica resistencias múltiples de las que poco sabemos. Lo cierto es que algo allí ha cambiado y que sea cual fuere el resultado de la presente demanda, debe seguir siendo tema de indagación.


8 de marzo de 2012

Petateras solicita investigación sobre Violaciones a Derechos Humanos de las mujeres y de las personas de la Poblaciones Ngáge-Bugle, de Panamá

La Confluencia Feminista Las Petateras apoya desde la iniciativa la necesidad de acciones urgentes para documentar y denunciar las violaciones a los derechos humanos de las pueblos Ngäbe, Buglé y campesina en la Comarca Ngäbe-Buglé y las Provincias de Chiriquí y Veraguas, Panamá.

Decidió apoyar a las Petateras Panameñas y contribuir a llamar la atención sobre las violencias allí cometidas contra las poblaciones y en particular contra las mujeres.

Desde la instancia mesoamericana se dirigió una carta a la Doctora Mirna Cunningham Presidenta Foro Permanente para Cuestiones Indígenas Organización de Naciones Unidas, ONU, donde se solicita por parte de la Confluencia, a la Comisionada Dinah Shelton, Relatora de los Derechos de los Pueblos Indígenas de la CIDH y se contó con el apoyo a Vilma Núñez, del Centro de Derechos Humanos de Nicaragua, que tiene carácter consultivo ante la Organización de Estados Americanos-OEA, para entregar la carta ante la Relatora.

Las Petateras solicitan en las cartas: “iniciar con carácter de urgencia una investigación expedita, así como el respeto y protección de las víctimas que han denunciado las violaciones a sus DDHH. Esta demanda también fue realizada por la cacica Carrera en sus declaraciones a SEMLac “estamos invitando a los organismos de derechos humanos de la Organización de Naciones Unidas para que vengan a investigar las violaciones ocurridas, cosa que está pendiente”.

La Confluencia Mesoamericana Las Petateras está acompañando su solicitud con un el informe de derechos humanos del hermano país de Panamá denominado “Informe de gira de observación de derechos humanos, luego de las protestas contra la minería e hidroeléctrica en la comarca Ngäbe-Buglé y en las provincias de Chiriquí y Veraguas”. 

En el Informe, en la página 22, se hace una exposición de los hechos y de las violaciones de derechos humanos cometidas. En cuanto a las violaciones a las mujeres refiere en el Punto 6 de dicha página:
6. INTEGRIDAD SEXUAL DE LA MUJER (arts. 17 de la Constitución, Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer, y Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer) 

-Presuntos abusos y malos tratos en atención a la condición de mujer, denunciados a través de los medios de comunicación social e Internet. 

-Presuntos actos de violencia sexual con abuso de poder, denunciados a través de los medios de comunicación social e Internet. 

Las voces de las mujeres y los actos de violencia cometidos son parte de lo que relata el informe y como especifica las denuncias fueron hechas a través de los medios de comunicación social e Internet.

Para consultas o información puede escribirnos a la dirección electrónica petateras@gmail.com o a la dirección de nuestra actual coordinadora Patricia Orozco A., patri_orozco@yahoo.es

21 de febrero de 2012

Panamá: La lucha sigue, afirma cacica Ngöbe Buglé Silvia Carrera

Por María Suárez Toro
(maria2003@racsa.co.cr)

Panamá, febrero (SEMlac).- Silvia Carrera, panameña, artesana y agricultora de la Comarca Ngöbe Buglé, ubicada en el occidente del país, es la primera cacica en la historia de su pueblo.
A escasos cuatro meses de hacer sido electa, en este febrero le correspondió encabezar a su etnia de 160.000 indígenas en una lucha por el control autónomo de sus recursos mineros e hídricos en un territorio de aproximadamente 7.000 kilómetros.
Durante más de una semana de movilizaciones locales y nacionales, ella condujo la ocupación de tramos de la Carretera Panamericana que atraviesa la región y llamados al gobierno para realizar un diálogo.
En el mismo período dirigió acciones de defensa frente a un operativo estatal por aire y tierra que significó dos muertos entre los manifestantes, miles de heridos por bala, golpes y gases lacrimógenos y cientos de detenidos. Adicionalmente, fueron cortadas las comunicaciones celulares y telefónicas en la zona.
Culminó exitosamente una negociación que hizo retroceder al gobierno de Ricardo Martinelli. A sus 42 años de edad, respaldada por su pueblo, por los movimientos sociales y fuerzas progresistas de su país, logró que se excluyera de la propuesta de Reforma al Código Minero (30 de enero) un artículo que ya había sido negociado el año anterior con los Ngöbe Buglé.
El artículo 5, que excluía a la Comarca de las cláusulas favorables a la explotación minera en el país, había sido eliminado en el nuevo texto de la reforma.
Calificada por la Coordinadora Nacional de Mujeres Indígenas de Panamá como una protesta que unió a todo el país contra los abusos del gobierno actual, poetas, estudiantes, trabajadores, mujeres, organizaciones indígenas de las otras seis etnias existentes, partidos políticos de oposición y organismos de derechos humanos nacionales e internacionales manifestaron su apoyo mediante declaraciones y vigilias.
Finalmente, el 8 de febrero se firmó un acuerdo entre el gobierno y los Ngöbe Buglé, en el que se estableció que el gobierno respetará la exclusión de la Comarca en la Reforma al Código de Minería. Adicionalmente, las autoridades se comprometieron a liberar los detenidos y ofrecer atención médica a los afectados, indemnizar a los familiares de las dos personas que murieron, reestablecer las comunicaciones y retirar el operativo especial de las fuerzas de seguridad en la zona.
SEMlac entrevistó a Silvia Carrera el 13 de febrero vía Skype.

¿Cómo te sientes después de semejante gesta?
Estamos vigilantes porque, aunque logramos sentar al gobierno para negociar con nosotros, la legislatura debe aprobar el Código de Minería excluyendo la explotación en nuestra zona, no hay garantías. Ya anteriormente, en 2011, se había aprobado el Artículo 5, pero ese año lo trataron de introducir otra vez. Además, estamos invitando a los organismos de derechos humanos de la Organización de Naciones Unidas para que vengan a investigar las violaciones ocurridas, cosa que está pendiente.

¿Cuáles son las principales violaciones a los derechos humanos que se han cometido contra ustedes en este período?
Primero, se nos violó el derecho a la comunicación cuando se ordenó a las cuatro compañías de celulares que nos cortaran las líneas. Luego se nos quitó el derecho a movernos por el territorio, cuando mandaron policía por aire y por tierra a no dejarnos circular. Después nos reprimieron con gases, tiros y redadas a centros e iglesias donde dormíamos. Murieron dos de bala y, aunque no se sabe quiénes lo hicieron, lo que sí sabemos es que no fuimos nosotros porque no teníamos armas.

¿Derechos indígenas?
El respeto a la Carta Orgánica que habla de respetar la cultura y tradición indígena, de eso estamos hablando. Los Ngöbe Buglé somos artesanos y agricultores. Con el producto de esos trabajos mandamos a nuestros hijos a la escuela y atendemos la salud. El gobierno actúa mal porque quiere apoderarse de todos los recursos naturales para beneficio de otros, no para su gente. El derecho nativo que defendemos es para poder vivir con lo que tenemos, no para regalarlo. ¡Por regalar las riquezas es que somos pueblo pobre en Panamá!

¿Derechos de las mujeres?
Se han comenzado a escuchar rumores de hostigamientos sexuales a las mujeres de parte de la policía, cuando irrumpieron a iglesias y lugares de concentración, pero eso hay que investigarlo, no está claro todavía. Usted sabe que eso cuesta que se hable y después es que sale mucho. Hay que investigarlo.

¿Cuáles son los derechos de las mujeres?
La autonomía de nuestros proyectos productivos, que es la libertad para desarrollar nuestros proyectos, prepararnos y organizarnos para enfrentar la discriminación. Los hombres ya saben que somos importantes, pero a veces los líderes no quieren escuchar a las mujeres. Nosotras, en las reuniones, hemos empezado a hablar de los grandes temas también. El voto de confianza de mi pueblo ha cambiado eso para trabajar juntos.

¿Qué ha sido lo más fácil para ti y qué ha sido lo más difícil en esta lucha como cacica?
Es fácil esta lucha porque mi pueblo piensa igual que yo: que falta participación directa en las decisiones. ¡Y como yo pienso que ejercer mi cargo es para que trabajemos unidos, pues es fácil porque todos queremos eso mismo! La mayor dificultad viene de que el gobierno no quiere otorgar y respetar ese derecho. Ni siquiera quiere que nos reunamos, porque cada vez que lo hacemos nos desaloja, nos reprime, nos detiene.

Insistes en que hay grandes retos por delante porque, además de los acuerdos que hay que monitorear para que se cumplan, existen otros temas que no fueron resueltos en la negociación todavía.
En la comarca tenemos grandes problemas con el recurso hídrico también. No hay suficiente agua para beber, para lavar y para trabajar porque hay tres compañías que están sacando el agua. Los indígenas no sobrevivimos sin la tierra; es nuestro sustento porque somos agricultores y para cultivar se necesita agua. Si nosotros no lo defendemos, ¿quién? Por eso salimos a las calles y carreteras en protesta. Por eso es que a la vez que celebramos el logro de nuestras movilizaciones, al haber obligado al gobierno a retroceder en lo que tiene que ver con la minería, seguimos en pie de lucha, porque el punto dos de la negociación quedó pendiente. Estamos exigiendo una Ley Especial que prohíba la explotación de los recursos hídricos.

¿Recibieron apoyo de afuera?
América Latina se solidarizó. Cuando la Presidenta de Costa Rica dijo que habíamos retenido a unos costarricenses de un bus en la Carretera Interamericana, los costarricenses nos ayudaron a desmentir eso. Y luego vinieron y nos expresaron su solidaridad.
Hay que seguir apoyando esta lucha que ocurre en todo el continente. Nos quieren arrinconar para apoderarse de nuestros recursos y derechos, pero no se puede permitir. Hay que pronunciarse en el sentido de que esto no ha terminado.